Tareas

  1. Confeccionar el relato de un viaje, a poder ser maravilloso.


Trabajo de los alumnos


Sara

Viaje


El día que mis padres me dijeron que cuando me dieran las vacaciones de verano íbamos a ir a Argelia para visitar a mis abuelos, no puedo negar que me llevé una sorpresa aunque no sé si fue del todo grata, pues me habían dicho con mucho tino que las cosas allí no marchaban del todo bien. Según parece, los conflictos que habían asolado el país no habían contribuido ni al progreso ni a que las familias menos favorecidas nadaran en la abundancia, pero tratando de encontrar el lado positivo a aquel viaje, pensé en lo que podría aportarme, sin olvidar que hacía mucho tiempo que no veía a mi familia paterna, pues la última vez que tuve la oportunidad de ir, era muy pequeña y a penas guardo recuerdos de mi estancia allí.

Recuerdo el momento en el que bajé del avión. Me invadió una sensación que no sé exactamente cómo describir. El aire era mucho más pesado, denso, bochornoso. Mientras uno de mis tíos nos acompañaba a la casa de mis abuelos pude comprobar que la pavimentación de las calles no era precisamente bueno, aunque la casa estaba en un barrio a las afueras de la capital. A cada pisada, se levantaba una nube de polvo y tierra que sumada al sofocante calor, hacía el aire casi irrespirable. Aunque era sorprendente lo poco que le afectaban a los lugareños las inclemencias del tiempo, quizá por estar acostumbrados a soportar tan elevadas temperaturas.

Nada más entrar a la casa de mis abuelos, que me saludaron afectuosamente, aunque no terminé de entender bien lo que me decían, comprobé la precaria situación en la que vivían. En aquella casa hubieran cabido tan solo la cocina y el salón de la mía. Allí vivían trece personas, mis tíos, sus mujeres y sus hijos, pues la mayoría de la gente no es lo suficientemente solvente como para adquirir una vivienda. Todos dormían sobre colchonetas desperdigadas por el suelo del pequeño salón, que hacía las veces de comedor y de hecho a lo que me costó un poco adaptarme, pues estaba acostumbrada a dormir en una habitación bastante más espaciosa, con una cama individual. Aunque reposar en el suelo, tenía en verano muchas ventajas, pues estoy segura de que me hubiera resultado imposible descansar en una cama con sábanas.

Pero no sólo me impactó la falta de espacio, sino la escasez de cosas que hay allí para hacer. Al aburrimiento se añadían el calor y mi desconocimiento del árabe, lo cuál hizo tediosos la mayoría de los días. Mi familia vivía próxima a la capital, por lo que puede creerse que hay miles de cosas para visitar, pero lo cierto, es que en el tiempo que pasé en Argel, , lo único que pude ver típicamente árabe fue una especie d zoco, en el que casi me asfixio, pero fue asombroso ver que todas las frutas y verduras que allí se vendían tenían una excelente calidad, y que incluso se vendían animales, y telas para confeccionar chilavas y pañuelos, cuyos bordados artesanales me parecieron preciosos, sublimes. Jamás había estado en un lugar tan angosto, y agobiante como aquel. A cada paso que daba me planteaba que hubiera sido mucho mejor para la sed que tenía haberme quedado en casa, pero esto solo me condujo a caer en la cuenta de que solo teníamos agua durante unas pocas horas, al atardecer, momento cuya llegada ansiaba enormemente, pues aunque de corta duración, era de lo más gratificante. Me encantaba salir a la pequeña terraza, y absorber las bocanadas de aire fresco que se hacían de rogar el resto del día, pues daban paso a una pesada noche seguida de un asfixiante y fatigoso día.

Me pareció de lo más fastidioso tener que despertarme cada día, aquella intempestiva hora en la que justo cuando había logrado conciliar el sueño tras buscar una postura adecuada para dormir, una voz que se elevaba sobre todo lo demás, proveniente de la vieja mezquita que había cerca de la casa, anunciaba a los fieles la hora de la oración. Yo valoro mucho todo lo que tiene que ver con la religión, pero estaba cargada de prejuicios occidentales, y tenía ganas de comprobar si el fanatismo que nos venden las noticias, era como lo dibujaban. Mi familia no era especialmente practicante, aunque uno de mis tíos pasaba las horas muertas leyendo el corán en el templo musulmán. Descubrí con admiración y alegría, que mi familia podía considerarse liberal, pues el que una de mis tías fuera profesora es algo fuera de lo común según lo establecido para la mujer.

Como digo, mis actividades no estaban bajo la sombra de la variedad, pero uno de los recuerdos que guardo con más cariño es un día que pasé en el campo, en una casita de pueblo que tiene una hermana de mi abuela. Por la noche, había llovido copiosamente, la hierba del pequeño huerto que tenía aquella buena mujer, estaba mojada. Los olivos se alzaban majestuosos presumiendo de sus frutos, y el burro que utilizaba la familia para ir al pueblo a comprar comida campaba a sus anchas, pareciendo contento de la llegada de los visitantes. Fuimos a dar un paseo por el monte, respirando el aire puro proveniente de los las cimas, viendo que a cada metro recorrido, se abría ante nosotros un desértico paisaje, que alternaba su aridez con algún árbol cuya sombra era tan esperada como escasa. Sin embargo, me gustó mucho aquella experiencia.

Y tras dos semanas de visita, el viaje tocó a su fin. Nos despedimos de mis abuelos y subimos al avión. Durante el vuelo, pensé que no había sido mala idea acudir. Me sirvió para valorar lo que tengo, lo cotidiano. Me ayudó a darme cuenta de que la felicidad no la da lomaterial, pues mi familia parecía muy feliz a pesar de las rencillas y dificultades.


Andrea

Un viaje de ensueño


Nunca en mi vida he hecho un viaje como en el que he estado recientemente. Hemos ido a un montón de sitios ya, y los que nos quedan...
Primero hemos ido a unos pirineos, la nieve era tan blanca que hasta cuando la contemplabas y había un sol tibio que acariciaba todo, hacía daño. Estuve esquiando mucho tiempo, cerca de unos abetos y pinos que estaban no muy lejos de las pistas, era muy agradable sentir el aire fresco dándote en la cara, el sonido de los esquís, los trineos o las botas de nieve haciéndola crujir con un sonido arrullador. El cielo estaba más bien despejado a pesar de que había alguna nube que intentaba superar al manto de nieve del suelo en blancura, pero no lo conseguía ni lo más mínimo, sin embargo parecía del mismo tacto, terciopelo o algodón.
Después pasamos rápidamente al calor. Fuimos a una playa de aguas cristalinas y tricolores: al principio, verdosas por las algas y arenas del fondo, blancas por la espuma y azules al final, reflejando el cielo y la profundidad que tenía. La franja de tierra estaba llena de conchitas diseminadas por la arena. Las olas se alzaban majestuosas enseñando sus lindas espumas al sol, que les regalaba sus rayos para que los reflejaran. En el aire había un olor a sal, a crema del sol... Un olor a playa.
Después estuvimos en una ciudad llena de jardines y paisajes bellísimos. Los jardines estaban llenos de árboles, flores, fuentes... El aroma delicioso que llegaba desde los exquisitos frutos y las hermosas flores era embriagador, relajaba. Nunca en mi vida he visto una hierba tan salpicada de color esmeralda, los trinos de los pájaros se mezclaban con el sonido del viento meciendo las ramas de los árboles y el agua que corría fresca y suave por el manantial, pero por la noche también vi la luna llena en el cielo y sentí su débil luz alumbrando todo.
Los árboles habían sido plantados, con esfuerzo y trabajo, por labriegos de esas regiones, que, tan solo por una escasa cantidad de dinero, se conformaban con que los turistas y a veces ellos y sus compatriotas disfrutaran de las vistas y del sabor de los frutos.

Acto seguido, ya con muchos recuerdos en mi mente, no podía imaginarme algo parecido, pero os aseguro que lo había.
Desde la playa, la montaña y la ciudad con jardines he visto la tormenta, el amanecer y el crepúsculo más bellos de mi hasta ahora corta existencia. A la hora de amanecer en la nieve el cielo se teñía del color del fuego, mientras el sol asomaba entre los picos de las montañas, haciendo parecer a la nieve una alfombra roja y plateada. En la tormenta, sin embargo, que contemplé desde la playa, el cielo estaba del color de las plumas de la gaviota, salpicado de nubes que nos iban regalando gotitas cada vez más veloces y frías, mientras el mar, ansioso por tocar el cielo, se alzaba refulgente, con un sonido ensordecedor.
La puesta del sol, que vislumbré desde la ciudad tan bella, fue magnífica: mientras el sol se despedía de los mortales el cielo iba azquiriendo distintas tonalidades azules oscuras, rojas, anaranjadas, doradas y violetas.
Realmente fue algo que ninguna fotografía o cuadro podrá superar jamás, porque como vivirlo no hay nada.


Samuel

Un viaje extraordinario


Capítulo 1
¡Viajeros al tren…, quise decir al avión!

Aquel 15 de Agosto de 2050 sería la 1ª vez que llegaba una hora antes de lo previsto a una cita. Desde luego, las instalaciones de la NASA eran estupendas. Una joven me informó (en inglés) de que aún tardaríamos en salir. Estaba ansioso. Aquellas vacaciones en la Luna iban a ser las mejores de toda mi vida. O eso pensaba yo...
Los turistas fueron llegando, la mayoría unos adinerados. Otros llegaban por otros medios que no fueran económicos (yo mismo había ganado un concurso de selección).
De pronto, oímos un estruendo. Afuera un pequeño cohete había caído.
La joven empleada dijo con vergüenza:
-Aquí están los pilotos…
Del cohete salieron dos jóvenes de distinto sexo. Se parecían mucho, y por una placa con nombre y apellido que llevaban supimos que eran mellizos.
Él dijo:
-¡No has seguido el protocolo de seguridad!
Ella:
-¡Y tú no has comprobado la batería!
-¡Me da igual, los turistas nos estarán esperando!-replicó él.
Nosotros lo habíamos visto todo asombrados.
Horas después, subimos al avión. De fuera parecía una de esas maquetas endebles.
Pero era de acero resistente, y sofisticado, y tecnológico.
Salieron los típicos consejos de los viajes aéreos y nos abrochamos los cinturones.
El avión cogió una velocidad endiablada por la pista.
Con un estruendo de 10 terremotos y 50 truenos, el avión despegó. Hendimos el aire a 500 kilómetros por segundo.
Nos dirigíamos a la Luna cuando se oyó un bramido increíble.
Un dragón creó un agujero que nos llevó a un extraño planeta...

Capítulo 2
En aquel sitio.

Caímos en picado mientras los mellizos ¡discutían!
-¿Por qué no has esquivado el agujero?
-¡Porque me estabas incordiando!
-¿No podrían dejarlo para otro momento? -pregunté.
-¡Pues no!-dijeron al unísono.
Bueno, en algo estaban de acuerdo.
Una nave nos rescató.
Sus tripulantes hablaron en un extraño idioma durante horas, y, al fin, nos dieron un traductor a cada uno. Después nos llevaron a un hotel. En su jardín había todo tipo de especies insólitas. Un guía turístico nos dio de cenar y nos explicó lo que haríamos al día siguiente. Después fuimos a dormir.

Capítulo 3
¡Increíble desenlace!

Al día siguiente nos levantamos y desayunamos.
El alienígena nos llevó a un lago impresionante de aguas cristalinas con bonitos animales y plantas.
De pronto una niña tocó una planta que soltó un rugido. El alienígena tuvo que calmar a la planta.
Después nos llevó a un desierto con grandes oasis cuya arena resplandecía al sol.
Luego fuimos conducidos a un bosque con arcaicos y majestuosos árboles y animales antiguos, como un tigre dientes de sable que nos atacó. Pero una voz dijo:
-Déjalos.
Con estupor vimos que los árboles tenían rostro y podían hablar.
El tigre se volvió por donde había venido.
Tras visitar una montaña nívea, regresamos al hotel y nos fuimos a la cama.
Pero oí: “¡(Mi nombre), (mi nombre)! ¡Despierta!”
¡Todo había sido un sueño!

Capítulo 4
En la Luna.

Finalmente fui a la Luna. Había una vista increíble de la Tierra.
Con un telescopio vi a mi vanidoso vecino muriéndose de envidia. ¡Ja!
Allí se saltaba de fábula por la poca gravedad.
Por ese mismo motivo pude levantar pesas de 100 kilos.
Aquellas vacaciones sí que estuvieron bien.

Trabajo de Paula


Abrí la ventana anclada a la primera pared de la habitación, una suave brisa, me hizo darme cuenta de donde estaba. Había viajado, por fin, a la ciudad de mis sueños. Ese olor, era irresistible, quizá no para todo el mundo, dadas las horas que eran, por la mañana y sin haber desayunado, pero para mí, era una delicia absorber ese aroma que tantas veces intente imaginar, tan lejos de aquí.

Caminaba descalza y el suelo estaba frío.

El piso no tenia calefacción y esto me obligaba a protegerme de las bajas temperaturas, con gruesas y calentitas mantas de invierno, pero no me importaba, estaba allí.

Me senté en el borde de la cama, no sin una gran taza de cacao humeante, del mismo color oscuro que mis entrecerrados ojos. Abrí mi portátil y me dispuse a intentar plasmar en un word todo lo que mi corazón sentía en aquel momento, esa dicha, esa felicidad que me recorría las venas y me daba la energía suficiente para amanecer cada día, sin importar la hora.
Pero no podía, había algo, que me hacia retroceder al lugar de donde procedía, a mi ciudad, o más bien, a un pueblecito cerca de esta.
Seguía, por mucho que pasaran los días, teniendo ese pequeño vacío en mi corazón, era feliz, sonreía y no me podía sentir desgraciada, pero suspiraba algo indiferente, cada vez que una de esas imágenes me golpeaban la mente.
Y lo peor, de no tener todo lo que quería, era que lo que me faltaba, quizá como castigo de mi puro egoísmo, por querer poseer la felicidad absoluta; era lo que más ansiaba tener, y lo mas imposible, por no ser ni un bien material, ni circunstancial, ni tampoco algo que realizar.

Era la compañía, el reconocimiento de una persona, el cariño y el calor que necesitaba me proporcionase. Y curiosamente, con el principio de toda la historia, estar en Nueva York, me recordaba todavía mas a el.
Desperté, desorbitada y perdida, como en una nube, algo dormida todavía, pensé en lo que acababa de ocurrir, un sueño, de nuevo, o otro de esos comunes viajes astrales... Fuera lo que fuera, se correspondía con ese viaje fantástico, que siempre imaginaba en mi cabeza, y que deseaba por todos los medios llevar a cabo. No se, son diferentes, todos y cada uno de esos pequeños trozos resquebrajados que perduran en mi mente, pero tienen algo en común, la misma ciudad, la misma chica morena de casi 16 años y la misma persona que jamas olvidare.

El viaje perfecto, pero desgraciadamente, irreal... Por el momento.