Noemi y el arco iris

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El viento silba su limpia y madrugadora canción por las bocacalles. Noemí camina a saltitos, colgada de la mano de su madre, imitando burlona
las melodías del viento: uuuu... ooeee.....fíiiuuuu.
Suenan las nueve arriba en la torre mientras el viento hace un alto entre asombrado y reverente.
El eco de la última campanada se rompe en gorjeos entre los árboles de la plaza.
-Vamos, que ya han dado las nueve. Y deja de dar saltos que vas a tropezar.
-¿Tropezar? Qué bien, tropezones para la sopa...
-No seas gama. Un poco de formalidad no te vendría mal.
El camino hacia la escuela no es largo. Según se sale de casa hacia arriba, primero se pasa junto al rebufo caliente del establo de Ramiro, del que brota un olor penetrante y dulzón a leche recién ordeñada. Luego tuerces a la derecha por los soportales de la plaza, que te saludan con un escalofrío y ahuecan las voces. Cruzas un tramo de baldosas rugosas y empiezas a trepar por el olor a rosquillas de la cuesta del horno hasta llegar a la verja de la escuela, que se queja un poquito al abrirse...
-Hasta luego, mamá.
-Un beso. Hasta luego, y no seas alocada.
Su amiga Tere le despega del redondo beso y se la lleva en volandas hasta el pupitre que comparten en la primera fila de la clase, la segunda del pasillo a la derecha.
Los geráneos de la ventana les saludan y acarician con su pegajoso aroma de tía soltera y la clase se va llenando alborotada en un repiqueteo de sillas, mesas, carreras y risas.
-A ver, silencio. El poema de hoy se titula "Abril" y lo escribió don Antonio Machado:
"Abril florecía frente a mi ventana. Entre los jazmines y las rosas blancas-de un balcón florido, vi las dos hermanas. La menor cosía, la mayor hilaba ...
La señorita Amparo comienza siempre la clase leyendo una poesía. (Tiene una voz dulce, huele siempre a limpio, nunca se cansa), telegrafía hacia dentro Noemí.
...entre los jazmines y las rosas blancas.
La más pequeñita, risueña y rosada
¿su aguja en el aire?, miró a mi ventana ".
-Ya está. Y ahora, sin armar escándalo, nos sentamos y abrimos el libro de naturaleza. ¿En qué lección nos quedamos ayer?
-En ¡a doce, señorita, Noemí como un relámpago. Parloteo de libros abiertos.
La señorita Amparo comienza a verter la fresca lección. Pichi la taquigrafía con sus trinos. Noemí le pone cada día entre los barrotes de la jaula una hojita de lechuga o un trozo de galleta, dejándose picotear los dedos.
-Ya sabéis que hay muchas clases de plantas.
Le sabe acaricia. A Noemí la voz de la señorita Amparo le sabe a caricia. Escucha atentamente, sin perderse una sílaba, y en su cabeza la lección va tomando forma de cuento de hadas, una melodía que ya nunca olvida. (Qué gusto. Hay qué ver lo inteligente que es, los progresos que hace, qué imaginación...), se distrae un instante la señorita Amparo. Continúa.
-Las plantas se reproducen...
Tan solo Noemí ha oído un trueno lejano y el breve escalofrío que se ha posado en los cristales de la ventana. Noemí y Pichi, que se queda quieto y ha dejado de trinar.
-...y las semillas tienen muchas formas. Mirad.
¡Broouuuummm! Un trueno alto y largo como el trote de un caballo entra por sorpresa en la clase y culebrea por debajo de los asustados pupitres. Cosquilieos, murmullos nerviosos y un bosque apresurado de piernas izadas sobre las sillas.
-Pero qué tontos sois. Os asustáis por nada. Como si fuera el primer trueno que oís en vuestra vida. Vale, yo también me he asustado un poco. Pero no pasa nada. Estamos en abril. Es normal. A ver, ¿qué día es hoy?
-Jueves, abril, siete, no, ocho, ocho de abril... (todos a coro).
-Muy bien. Ocho de abril. Veamos ahora quién recuerda lo que hemos aprendido sobre las tormentas. Quién sabe por qué se producen, en qué consisten, cómo se desarrollan. (Una bandada de brazos al vuelo).
-Así me gusta. A ver, Isabel. Silencio los demás.
-Pues que las nubes tiene electricidad... y eso.
-Muy bien. A ver, quién más. Tú, Alberto.
-Pues que dan así como flashes que se llaman relámpagos y luego viene el ruido de los truenos.
-También muy bien. A ver, tú, Noemí.
-Una tormenta es un riña entre nubes. Se enfadan y gritan. Se tiran de los pelos y al final acaban llorando. (Risas unánimes).
-Eso es muy bonito y muy cierto. Entonces, vamos a dejar que se sigan, peleando un rato mientras nosotros seguimos con la lección. ¿De acuerdo?
Un gorjeo de relajada aprobación da paso de nuevo a la señorita Amparo, que continúa con la lección interrumpida:
-Cada semilla es como un bebé. Con el alimento del agua y la luz irá creciendo...
Un tímido tamborileo de gotas sobre los cristales crece y se multiplica hasta convertirse en un poderoso azote sonoro que acaba por tapar y silenciar la voz de la señorita Amparo. La lluvia se despliega en cortinas grises que peinan y desmelenan las copas de los árboles y borran los contornos de las casas. Tras dos interminables minutos de furia, la música del agua comienza a deshilacliarse, los árboles y las calles vuelven a tomar forma, y un trueno quejumbroso se aleja cabalgando un largo adiós. Y de repente:
-Señorita, señorita, el arco iris, el arco iris... Ninguna fuerza puede parar el tropel de ojos y pies hacia las ventanas.
-Un momento, un momento, no os atropelléis. ¿Salimos al patio para verlo mejor?
Lo mismo que se vacía un avispero al que un chaval travieso lanza una piedra, así se desagua la clase a empujones por la estrecha puerta. Sólo Noemí, apoyada en el alféizar de la ventana, se demora sonriente, dejando que el arco iris se multiplique en sus claros ojos azules.
-Venga, vamos al patio, le toma por los hombros la señorita y se la lleva con ella.
De vuelta del patio, en toda la mañana ya no habrá otro abanico en los ojos, otro puente en los dibujos, otra cantinela en los labios: "Rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violeta" Una y cien veces hasta aprendérsela de carrerilla: "Rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violeta... "
-Antes de recoger, apuntad en el cuaderno la tarea para mañana. Me vais a traer una redacción sobre... el arco iris. Un cuento, una poesía, lo que queráis. ¿De acuerdo?
A pesar de lo poco amigos que algunos son de escribir, hoy nadie protesta y vuelven a sus casas entre brincos y risas, vistiendo con colores recién estrenados todo lo que aparece ante sus ojos.
El color de los nombres del arco iris ha seguido también latiendo durante todo el día en los pulsos de Noemí.
Han acompañado su vuelta a casa por la cuesta abajo del horno, el escalofrío de los árboles, los huecos soportales, el sonar de los cencerros y el olor a hierba recién cortada del establo. Han salpicado de frescor su cara y sus manos antes de comer. Han vestido las canciones preferidas de su Ipod. Se le han enredado entre los arpegios de sus ejercicios de acordeón. Han sazonado la sopa y la tortilla de su cena. Y han convertido en un trabalenguas el "padrenuestro" que mamá se empeña en que rece antes de acostarse:
Patlrenuestrovojo queestásenloscielosanaranjados santificadoseatunomhream arillo venganosotrostureinoverde hágasetitvoluntadazul asíenlatierrañil comoenelcielovioleta. Danoshoyrojo nuestropananaranjado decadadíamarillo Perdónanuestrasofensasverdes comonosotrosperdonamosalosazulesqitenosofenden nonosdejescaerenlatentaciónañil ylíbranosdelmalvioletamén. Abrazada a Gergio, su oso de peluche, Noemí atraviesa la frontera del sueño mientras repite: Rojo, anaranjado, a ama amarillo, verde, ver... Quietud, silencio, oscuridad. ¿Eh? ¿Qué ocurre?
Sin mayor ceremonia ni anuncio, sin ruido apenas, brotando del suelo, de las paredes, del techo, los colores van entrando en la habitación. Noemí despierta, se despereza, sonríe al verlos y les va saludando uno por uno: Rojo, el capitán. Anaranjado, el poeta. Amarillo, el torero.Verde, el jardinero. Azul, el marinero. Añil, el solterón. Y Violeta, el sultán.
Tras el saludo, los colores, contentos y juguetones, se licúan y mezclan trepando por las paredes, resbalando por las cortinas, enredándosele en el pelo, envolviéndola en su olor:
Rojo huele a estiércol humeante. Anaranjado, a compota de pera. Amarillo, a roscón de reyes. Verde, a casa recién pintada. Azul, a sábanas nuevas.Añil le hace estornudar. Y Violeta... Violeta huele a catedral.
Los colores le cogen de la mano y ella se los pone alrededor del cuello, se sube a sus blandos lomos y comienza a volar. ¡Qué gusto da tocarlos! Rojo tiene calor de chimenea. Anaranjado posa sobre su frente un pañuelo de colonia. Amarillo tiene el pelo rizado. Verde es un manojo fresco de hierbabuena. Azul tiene tersura de mármol frío. La piel de Añil da dentera de hojalata. Y Violeta hipnotiza sus dedos con terciopelo.
La habitación de Noemí comienza a exhalar una música dulce y transparente que va derritiendo los muebles, las paredes y el techo hasta borrarlos. Se siente ligera e ingrávida y se ve flotando entre melodías nunca antes escuchadas pero de siempre conocidas. Despliega un bostezo de alas y se pone a bailar al ritmo que marcan e imponen los colores: Rojo toca la trompeta y la hace restallar con su látigo. Anaranjado besa amorosamente su flauta dulce. Amarillo corre atrapando estrellas con sus platillos. Verde sonríe asomado al pozo de su guitarra. Azul hace cabriolas con su oboe. Añil hilvana el viento con su arpa. Y Violeta, ¿dónde está violeta? Sentado en un cuerno de la luna, la acuna con su violonchelo. Noemí baila y baila dejando tras de sí una estela de colores que hace enmudecer a la noche.
Cuando se cansa, se sienta sobre cada color y se refresca con su sabor: Roja sabe a zurracapote de fiesta. Anaranjado, a miel. Amarillo a infusión de hierbas. Verde, a caramelo de menta. Azul, a chicle de clorofila. Añil, añil le hace cosquillas de sifón en la garganta.
Noemí danza y danza hasta caer rendida, mientras el sacristán de la brisa va apagando las últimas estrellas. Aún entre sueños escucha un leve murmullo de cortinas.
-Vamos, perezosa, que ya son las ocho.
La mano de mamá se enreda en su pelo y Noemí comienza a restregarse los ojos entre exclamaciones. De pronto, una enorme sonrisa se enciende en su cara, despertándola del todo. La boca le sabe a mermelada de mora.
Esa Violeta, hay que ver qué traviesa... " ¿Qué dices?
-Nada, mamá. Cosas mías. ¿Sabes, mamá? Soy muy feliz.
-Claro, hija mía. (Enjugándose una involuntaria lágrima). ¿Por qué no habías de ser lo?
Así amanece el nueve de abril para Noemí, la niña ciega.

Tarea de la semana


En la charla de José Manuel comento la imagen de su abuelo y la influencia de éste en su valoración de la vida.


Tenéis que hacer un relato basado en lo que representa la figura de alguno de vuestros abuelos para vosotros, o lo que los demás os han trasmitido de alguno de vuestros abuelos. Un mínimo de treinta líneas.